Por qué envidias mi dispositivo móvil y no mi sistema de productividad

He encontrado este post en Bergonzini de cual muchos somos los que enviadiamos, y unos pocos los que tenemos el disposito envidiado. Me gustaria que lo disfrutaras.

“Admitámoslo de una vez, mi dispositivo android le da mil vueltas a tu iphone. Con él puedo ubicarme con el navegador, puedo acceder a los contenidos del Google Docs, sincronizar con mi Dropbox y de un vistazo ver todo lo que tengo en el calendario. Además, el filtro de llamadas es perfecto para evitar a los de telemarketing, que siempre llaman cuando estoy echado en el sofá, mientras reviso los feeds. Por las mañanas me despierta y por las noches se desconecta solo para evitar llamadas innecesarias. Es una máquina perfectamente programada y en constante ejecución.”

“Se que tu quieres uno igual que el mío, lo noto en tu mirada. Hace una semana que salió al mercado y fui uno de los primeros en tenerlos, sus características valen los euros que he pagado por él y aunque se que en unos meses va a salir uno mejorado, este me va a durar los treinta y seis meses que tengo de contrato. Lo has tenido en tus manos, te has maravillado, es rápido, ligero, se conecta con Wifi n, HD 1080, DLNA, Bluetooth 3.0, TDT, 4G, 3000mAH de batería, AD2P. Tu completa envidia.”

“Esta herramienta me facilita la vida. No me pierdo, cuando salgo del metro se hacia donde tengo que ir. Mis vacaciones están planificadas hasta el producto de higiene que tengo que comprar en el supermercado con tickets de descuentos que he impreso via QR. Las fotos están geolocalizadas, escucho radios que ni sabía que existían. Ahora ya se cuando tengo que ir a buscar a mi hijo al colegio y los correos me llegan al instante via gTalk. Soy el alcalde del StarBuG de debajo de la oficina y “me gusta” la foto que un excompañero de primaria ha colgado en su muro. Envidias todo eso que puedo hacer con mi dispositivo móvil y que el tuyo se queda corto.”

Somos materialistas, deseamos lo tangible, deseamos las posesiones ajenas, ese rato de diversión que nosotros no hemos podido disfrutar. Nuestra escala comparativa se evalúa constantemente con cada cambio en las interacciones personales que nos rodean y aunque evitamos reflejarlo conscientemente, siempre acabamos imitando y mejorando lo que otros han conseguido. Un crecimiento personal de status y de autoestima, dónde el deseo es el sentimiento predominante.

Es un deseo atemporal, dónde el ya es la constante predominante. Adquirimos las posesiones de una forma rápida, únicamente con la moneda económica, sin pensar en el impacto intelectual que necesitamos. La inmediatez nos hace perder el aprendizaje, la facilidad de adquirirlo nos destroza todas las bases, con lo que apenas nos quedan principios para sustentarnos. De ahí, que nos acabamos fijando en esa parte superficial, sin buscar camino.

Envidias mi dispositivo móvil porque es capaz de darte una satisfacción a corto plazo sin apenas dedicar conocimiento. Es un objeto tangible y capaz de ser mostrado a los demás compañeros y a su vez, infectar con la envidia que nosotros ahora nos hemos curado (hasta el siguiente modelo). Una herramienta capaz de hacer maravillas por y para nuestra vida, vistosa, sonora y con claras repercusiones en nuestros hábitos que van cambiando: el niño callado jugando en el restaurante, leyendo en el metro, chateando en el trabajo, tomando fotos en la excursión del fin de semana, escuchando música en la consulta del médico, tantas mejoras ha aportado que nos tragamos la píldora sin pensarlo.

No envidias mi sistema de productividad personal, porque desconoces que lo tengo. Eres consciente que ha habido cambios en mi vida y ves como de una forma que no puedes explicar mi desarrollo personal y laboral ha variado a algo más refinado, lo percibes pero no puedes comprenderlo, que apenas sin esfuerzo, con sencillos hábitos, dispongo de mucho más “””tiempo””” para hacer lo que yo quiero. Te has dado cuenta que he conseguido hacer cosas que eran inimaginables para esa persona que antes reconocías.

Hablo de acciones y proyectos y tu vives al límite para apagar los fuegos, adicto a la adrenalina del último momento, escupiendo improperios cuando es la hora de salir y quedan muchas cosas aún pendientes y jactándote cuando a esa misma hora, puedes delegar en otro ser inferior. Me miras perplejo cuando ves que para mi el tiempo no es una medida estándar, piensas que estoy loco con todos los objetos apilados en columna y en letanía de rosario: recopilando, procesando, organizando, haciendo y revisando. Cuanto esfuerzo piensas.

Ya hemos hablado de esto y lo has descartado por completo, “lo que me cuentas es de sentido común” y en ese mismo microsegundo ya has cambiado al último programa que te has descargado desde el dispositivo móvil. Con la productividad personal no puedes escuchar la Radio Ártico Libre, con la productividad personal no puedes tomar las fotos en esa fiesta loca donde las chicas **CENSURADO**, con la productividad personal no sabes que tu compañero de parvulario acaba de cortarse el pelo, con la productividad personal no sabes que puedes hacer un domingo por la tarde en la ciudad italiana de Lucca.

En ese momento, cuando la admiración por una herramienta supera todo el razonamiento, es cuando comprendes que lo único que puedes hacer es sonreír. Tu dispositivo móvil sigue levantando envidias entre tus círculos, pero lo más preciado de ti, continua intacto en tu interior, visible para el resto.

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